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20 de julio de 2026

Cryptosporidium en agua potable: por qué el cloro no basta y cómo la desinfección UV cierra la brecha

En una ETAP con parámetros de turbidez correctos, cloro residual dentro de rango y una analítica microbiológica que cumple con la normativa, todo indica que el agua está bajo control. Sin embargo, hay un patógeno que puede pasar desapercibido incluso en estas condiciones: Cryptosporidium. Sus ooquistes son capaces de atravesar procesos de cloración convencionales sin inactivarse, lo que obliga a replantear qué barreras adicionales necesita realmente una planta de tratamiento de agua potable.

Un protozoo que el cloro no detiene

Cryptosporidium es un protozoo causante de criptosporidiosis, una gastroenteritis que puede prolongarse durante semanas y resultar especialmente grave en niños pequeños, mujeres embarazadas y personas inmunodeprimidas. En España, los casos son de declaración obligatoria: entre 2016 y 2022 se notificaron a la Red Nacional de Vigilancia en Salud Pública (RENAVE) más de 4.700 casos confirmados, con las incidencias más altas en menores de 1 a 4 años.

Su principal problema para la potabilización no es su virulencia, sino su resistencia. Los ensayos de referencia muestran que los ooquistes de Cryptosporidium no se inactivan tras 18 horas de contacto con cloro a concentraciones habituales de agua de consumo (0,2-1 mg/L), ni siquiera con cloraminas. El dióxido de cloro y el ozono mejoran el resultado, pero requieren valores de CT (concentración × tiempo de contacto) muy elevados, especialmente a bajas temperaturas del agua.

A esto se suma su tamaño: los ooquistes miden apenas 4-6 micras, lo que dificulta su retención completa incluso en filtros de arena bien operados. Cuando además se produce recirculación del agua de lavado de filtros a cabecera de ETAP, estos pueden pasar de actuar como barrera a convertirse en un foco de acumulación y liberación del propio patógeno.

Un problema con historial y con marco normativo

El caso más citado a nivel internacional sigue siendo el brote de Milwaukee (EE. UU.) en 1993, que afectó a cientos de miles de personas y marcó un antes y un después en la exigencia regulatoria sobre barreras frente a Cryptosporidium en agua superficial. Desde entonces, se han documentado brotes similares en Reino Unido, Suecia, Francia, Italia o España, muchos de ellos vinculados a fallos puntuales en coagulación-filtración, eventos de lluvia intensa o insuficiencia del tratamiento de desinfección instalado.

En España, el Real Decreto 3/2023, que regula los criterios técnico-sanitarios de la calidad del agua de consumo, establece que cuando se detecta Clostridium perfringens junto con una turbidez superior a 4 UNF a la salida de la ETAP o depósito de cabecera, debe analizarse la presencia de Cryptosporidium u otros microorganismos indicados por la autoridad sanitaria. Es decir: la normativa ya asume que la combinación turbidez + indicadores fecales puede ocultar la presencia de este protozoo, y exige comprobarlo.

La radiación UV como barrera física

A diferencia de la cloración, la inactivación por UV no depende de reacciones químicas con la pared del ooquiste, sino de dañar directamente su material genético, impidiendo su reproducción. Esto hace que Cryptosporidium, tan resistente al cloro, sea en cambio uno de los microorganismos más sensibles a la radiación ultravioleta: dosis relativamente bajas, del orden de unos pocos mJ/cm², logran reducciones de 2 a 4 log (99-99,99%) de los ooquistes.

Esta diferencia de comportamiento explica por qué la desinfección UV se ha convertido en una solución de referencia allí donde la cloración por sí sola no ofrece garantías suficientes: no genera subproductos de desinfección, no altera el sabor ni el olor del agua, y su eficacia frente a Cryptosporidium está ampliamente validada mediante bioensayo bajo protocolos como los de la USEPA.

Los sistemas TrojanUV, que representamos en España y Portugal, están diseñados específicamente para actuar como barrera validada frente a Cryptosporidium y Giardia en agua potable. Equipos como TrojanUVFlex o TrojanUVSwift permiten incorporar esta barrera adicional en ETAP de distintos tamaños, con una operación sencilla y sin necesidad de gestionar reactivos químicos adicionales, lo que facilita su integración tanto en instalaciones de nueva construcción como en ampliaciones de plantas existentes.

Una barrera, no un sustituto

Es importante matizar que la desinfección UV no elimina físicamente los ooquistes de la matriz de agua: los inactiva. Esto significa que pueden seguir detectándose en muestras post-tratamiento, aunque ya no sean infectivos. Por ello, la UV se plantea siempre como una barrera complementaria dentro de una estrategia de tratamiento multibarrera, junto con una coagulación-floculación-filtración correctamente operada y, cuando la fuente de agua lo requiera, con la desinfección residual convencional que exige la normativa en la red de distribución.

En un contexto donde el cambio climático apunta a más eventos de lluvia intensa y mayor variabilidad en la calidad del agua bruta, contar con esta barrera adicional frente a un patógeno tan resistente como Cryptosporidium deja de ser una opción y pasa a ser, cada vez más, parte del diseño básico de una ETAP robusta.